
¡Qué onda, chilangos! Si no has notado, la Ciudad de México se ha convertido en el paraíso del café de especialidad. Ya no es solo tomarse un ‘café de olla’ en el mercado, ahora está de mal pedir un café instantáneo en estas oficinas de coworking. Parece que en cada esquina sale una cafetería nueva, con baristas parlanchines y precios que parecen de boutique. ¿Debutó el café o qué?

El tema va más allá de la bebida en sí. Es todo un ritual: sacar las mejores fotos para Instagram, juntarse con los cuates y presumir que sí sabes distinguir entre un Geisha etíope y un Bourbon colombiano. Ojo, no está mal apreciar el buen café, pero a veces parece que vamos más por las fotos que por el sabor. Y eso de pagar $80 pesos por un cold brew… ¿estamos bien o nos está dando la economía?

La economía del café mueve feria. Se dice que las cafeterías generan empleos y fomentan el comercio local. Claro, mientras las tazas sigan llenándose y los precios sigan subiendo. A final de cuentas, es un gusto que cuesta, pero parece ser que a los chilangos nos encanta consentirnos con un buen café de barrio, sea moda o no, mientras la plática fluya y el wi-fi no falle.




