
Órale, cabros, ¿saben qué onda con los perritos callitas, o sea, esos perritos mostaza, esos amarillos que andan por todo el DF? Pues resulta que ahora ponen la etiqueta de premio y dicen que son mexicanos puros, como los tacos de canasta. Y claro, miles de peludos están orgullosos, incluso con su certificado de MADE IN MÉXICO, aunque es solo un comercial, la verdad es que suena bien que digamos que nuestro peludito es 100% neto xon, pero, chequen, ¿qué tanto hay de cierto y qué tanto es solo marketing puro?

Primero que nada, esos perritos no son una raza, somos sinceros. Lo que llamamos caramelo es básicamente un mestizo de colores, ese tono ámbar que sale de la cámara mil veces. Puede ser mitad Labrador, mitad Xolo, y por allá alguien que dice que es Pastor Alemán, pero en la calle le gritan ‘perro callejero’ y no ‘raza pura’. Dicen que lo llamamos endémico de México, pero es como decir que el chile en nogada es endémico de Puebla porque nació allá. Si, se ve mucho en calles del DF, pero no significa que no haya en León, Monterrey, o hasta en la Condesa y Polanco, adoptado del refuge con etiqueta de ‘mexicano’

Igual y todo, no le quiten mérito a nuestros amarillitos. Son los mejores abrazos de la calle, fieles, metales de tequio: resistentes a la calle, valientes y con cariiiiño, incluso si regalan una danza a tu visita. Que no sea un perro de raza no le quita nada. De hecho, ser caramelo es nuestra razón. Adopta uno del domeki dale aunque no sea puroblood, es mexicano de hecho. Oye, y si le ponen mexarketing, mayor gracia. ¡Mexicanos, perros y orgullo, cabrones!

Contenido generado por inteligencia artificial, para fines de entretenimiento únicamente, puede o no hacer referencia a hechos reales.



