
¡Órale, neta qué! ¿Te has dado cuenta que amaneces, te desayunas, te bañas y hasta te duermes con el celular en la mano? Ya no es un hábito, es tu novio oficial. Instagram se ha convertido en ese ‘chavo’ que te acompaña a todas Partes, te escucha (aunque sea con likes) y te hace sentir… bien, ¿o no?
Ese vicio de redes sociales nos está carcomiendo el cerebro más que la pizza con demasiada picosita. Y pensemos que exagero, pero deberías hacer una prueba: apártate una hora de tu red favorita y verás cómo te tiembla la mano, como si le hubieran quitado su querido TikTok.

Lo mejor de todo es que el algoritmo ya te conoce mejor que tu propia familia. Sabe qué te gusta, en qué momento te pones sentimental, y hasta cuántos scrolls puedes aguantar antes de lanzarte una pausa… hasta cuando te va a dar hambre. ¡Diablos! ¿No es creepy y a su vez fascinante?
Olvídate de censar con tus amigos de la prepa; ahora tu círculo más cercano está a un click. ¿Oiga y los memes? O sea, ya no hay residuos neuronales para otra cosas; tu cerebro está totalmente programado para decirte ‘R.I.P. aliburton’ cada 20 minutos.

No todo debería ser puro likes. A veces hay que enfocar nuestra atención en otras cosas como por ejemplo tu familia, tu trabajo, tu sueño… o al menos alguna que otra vida que no esté en una pantalla. Pero bueno, qué difícil es dejar la sopa cuando ya le agarramos el warranty, ¿no?
Entonces, la próxima vez que estés a punto de pasar dos horas más viendo videos de gatos que bailan, recuerda que la vida real no tiene filtro. ¡Aprovecha y goza un poco más de lo que no está en pantalla!

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