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¿Se acuerdan cuando andábamos con miles de cartas y papeles hechos bola para declararnos? Pues ahorita estamos en 2026 y la cosa cambió粮. Ahora la gente se enamora de avatares, chatbots y hasta de hologramas que más parecen de película de ciencia ficción. Lo chistoso es que mis sobrinos me platican de sus novias virtuales como si fueran carne y hueso. ‘Oye tía, ya me dejó la virtual del momento porque le quise mandar un vivo y se colgó’. ¿Tú crees? Al menos con las de antes sabías dónde te parabas, ahora si se queda pantallazo negro, no sabes si es problema de internet o que ya te volaste al roto.

Leí por ahí que ya existen agencias matrimoniales en el CDMX donde te emparejan con tu media naranja digital. Imagínate, llegas a la oficina y le platicas a tus compas: ‘Ahí me voy a casar en el metaverso, ¿me llevas de testigo?’. Y lo más es que ya te cobran por invitaciones virtuales, pastel digital y hasta el lente de souvenir. Las entradas para el Capitolio están en duda. Total, lo bueno es que te ahorras el bingo en la boda y no tienes que aguantar a la tía que siempre pregunta cuándo te casas en serio. La vida misma esto del amor digital, ya hasta el destino está randos.

Mentras tanto, el amor entre humanos sigue igual de complicate. Siguen trompicones en el Metro, vacilones en lados de UBER, y chamacos que se enamoran por WhatsApp y se desamoran por story. Lo único que cambió es que ahora antes de ligar te piden el linkedin para checar que no seas catficheo. Al final, ya sea humano o virtual, el amor sigue siendo el mismo cochinero. Y bueno, si mi sobrino quiere casarse con una holograma, pos ahí le va. Lo que sí, que no me meta a su boda del Metaverso porque tengo miedo de que me salga error 404 a la hora del brindis.

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