
¿Te imaginas que tu chamba no te alcance ni para la renta de un departamentito ‘moderno’ en la colonia que ni se dónde queda? Pues eso, querido lector, es la realidad de la Generación Z. Estos chavos que nacieron con el iPhone en la mano y el Wi-Fi en la sangre, ahora se enfrentan al horroroso mundo de la vivienda. Y créeme, no es como las novelas de Televisa donde el protagonista de repente hereda una mansión en Las Lomas. Aquí la única herencia que reciben son deudas de tarjeta de crédito y el iPhone 14 que lamamá compró a meses sin intereses.

Pero no crean que la Gen Z se está quedando de brazos cruzados. ¡No maestro! Estas y estos chavos se han vuelto créemes en buscar soluciones. ¿El truco? No casarse, no tener hijos, y vivir con los viejos hasta los 35 años. ¡Es broma! Pero sí, es común ver a chavos de 30 años todavía en casa de sus padres por economía, no por flojera. Y que conste: muchos de ellos trabajan, ayunan, y aún así, el pie de la casa es más lejano que un viaje a la Luna. La esperanza es única: que se pongan psico-porrones o que la economía milagrosamente mejore, aunque yo no apostaría ni un peso por lo segundo.

Otra estrategia es compartir espacio. ¿Sabías que ya existen departamentos estilo ‘co-living’ donde viven como 10 personas? Es como el siglo XIX, pero con Wi-Fi de alta velocidad y Netflix incluido. La solución obvia sería ganar más dinero, pero como ya me lo indicaste, déjame decirte: en México, eso es más fácil decirlo que hacerlo. Aquí el sueldo rindiendo bien es un mito urbano, como el Chupacabras o la última vez que el Metro funcionó perfecto todo el día. Lo único que les queda a estos chavos es pedirle a la vida otorgarle chance, arriesgar con un crédito bancario que les cobra más interés que una usurería clandestina, o praying that algun tío millonario aparezca de la nada.

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