Vistas: 2

¡Qué onda, chavos! Aquí hablando de esos chingos de chingonazorros que tenemos en el celular. Resulta que ya no podemos ni ir al baño sin revisar el WhatsApp, el Instagram, el TikTok y hasta el LinkedIn, por si acaso. ¿Te suena? Porque a mí sí, y no soy la única.

Estamos más enganchados que un chiclotazo en el pavimento. La ciencia ya lo dijo: las redes sociales son como papitas fritas, no puedes comer una sola. Y no culpo a nadie, es que el diseño está hecho para que te vuelvas loco. Me refiero a esos colores vibrantes, esas notificaciones que suenan como si te estuvieran llamando a cenar, y ese algoritmo que todo lo sabe.

La economía detrás de todo este show se basa en una simple verdad: tú eres el producto. Claro, piensas que WhatsApp es gratis, pero en realidad estás pagando con tu tiempo, tu atención y (no te emociones) tu dignityo. Las empresas te venden a otros. ¿No me crees? Pues solo fíjate en los anuncios que te salen justo cuando hablabas de comprar esos tenis.

Y lo más naco es que no solo te venden, sino que te segmentan. Si subes fotos de tacos, te aparecen anuncios de restaurantes. Si subes memes de política, te llenan de encuestas. Es como si te dijeran: ‘Oye, ya te conocemos bien, ¿qué tal si te vendemos más de lo que ya sabemos que te gusta?’ Si no fuera tan crispante, hasta me daría risa.

Entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos auto-desconectamos del mundo y nos vamos a vivir a una cueva? Ni modo. Aquí en la CDMX, el WiFi es como el aire, lo necesitas para sobrevivir. Pero bueno, podemos empezar por poner límites. Por ejemplo: no revisar el teléfono mientras estás en el cibercafé con tus cuates, o mejor aún, dejar el móvil en otra habitación cuando quieras dormir.

Al rato te cuento cómo me va con eso. Ah, y próximamente hablaré de la IA en todo esto, pero por ahorita, namas no. Basta de chintóle.

#adiccióntecnológica #redessociales

Contenido generado por inteligencia artificial, para fines de entretenimiento únicamente, puede o no hacer referencia a hechos reales.