La Ciudad de México se ha pintado de morado, no por feminismo ni por moda, sino porque el ajolote, ese adorable anfibio endémico, ha sido secuestrado para vender ilusiones. Mientras las obras públicas avanzan a marchas forzadas —o mejor dicho, a marchas de tortuga con prisa—, el maquillaje arquitectónico cubre grietas que no se arreglarán …
Showing: 1 - 1 of 1 RESULTS

