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Órale, manito, ¿te has fijado que Roma y Condesa están que rompen con los nómadas digitales? Ya no es cosa de ver turistas con la cámara en el cuello, ahora son chavos con laptos en las mesas de los cafes como si fueran extensiones de su cuerpo. La cosa está bien intensa: WiFi de alta velocidad, cafés de especialidad, y hasta enchufes que parecen oro puro en este mercado laboral remote. Lo chistoso es que muchos ‘influencers’ del remote work terminan viviendo en departamentos de 30 metros cuadrados pero con vista al parque, pagando una renta que te deja con los pesos en suela como el Metro de las Mañaneras.

La economía de esta modalidad está moviendo la zona de una manera brutal. Los restaurantes que antes vivían de la fiesta hasta la madrugada, ahora tienen su pick de ingresos a las 2 de la tarde con freel ordering como si no hubiera mañana. Y eso sin mencionar los Airbnb que se han multiplicado como los tacos al pastor en viernes. Pero no todo es color de rosa (o verde para el caso): los vecinos de antaño están enojados porque ya no pueden encontrar estacionamiento, y el ruido de las llamadas de trabajo por WhatsApp reemplazó al de los bailables. La gentrificación está en su maximo esplendor, cabrón.

Lo que sí está claro es que esta tendencia llegó para quedarse. Las empresas de todo el mundo descubrieron que en la CDMX pueden tener talento por una fracción de lo que pagan en Nueva York o San Francisco, y los jefes de recursos humanos están celebrando como si fueran niños con piñata. Claro, los salarios siguen siendo en dólares, para qué negarlo. Pero la pregunta del millón es: ¿hasta cuándo aguanta la infraestructura de la ciudad? El Metro ya está saturado sin agregar a esta población flotante, y las pipas de agua ya son celebrities. A ver por quién tiran los primeros dados, porque esto de vivir bajo WiFi y tacos de suadero puede ser el sueño de algunos, pero para otros es solo otra palabra sin tilde.

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