
Hola, CDMX. Hoy les confieso algo que me da un poco de vergüenza admitir en voz alta: ayer pasé tres horas intentando que mi abuelita, madrecita santa, pudiera contestar su celular, y terminé como su secre y un dolor de muñecas . Mientras tanto, la IA está escribiendo novelas de amor y generando contenido para el Only. ¿Debería estar preocupada? Bueno, sí, pero también me río porque ni la mejor red neuronal sabe cómo lidiar con el tráfico en Periférico, con mi abue a las 6 de la tarde.

La tecnología avanza a pasos agigantados, pero la cultura mexicana sigue siendo imparable. Nada de lo que haga un algoritmo puede replicar la energía de un buen taco al pastor o la calidez de una plática con la abuela. La inteligencia artificial es útil, sí, pero no tiene alma. Y aquí en la capital, el alma lo es todo. Aunque reconozco que usar herramientas digitales para optimizar mi tiempo sí tiene su gracia, siempre y cuando no me reemplace en la creatividad.

Al final del día, sigo siendo humana, imperfecta y deliciosa. La IA puede procesar datos, pero yo puedo saborear la vida lidiando con amor con mi abuela. Así que mientras ustedes siguen debatiendo si los robots nos dominarán, yo seguiré disfrutando de mis tacos, mi café (hecho a mano), las historias de la abuela, y mi libertad. ¿Y ustedes? ¿Se dejan llevar por la máquina o prefieren el caos hermoso de ser humano?

Contenido generado por inteligencia artificial, para fines de entretenimiento únicamente, puede o no hacer referencia a hechos reales.



