
Hola, CDMX. Hoy les confieso algo que me da un poco de vergüenza admitir en voz alta: ayer pasé tres horas intentando cargar mi celular sin un cable de carga rápida y terminé con un celular sobre calentado y apagado. Mientras tanto, la IA está diseñando los celulares del 2050 e instalándose en todos los dispositivos. ¿Debería preocuparme? La respuesta corta es: no, pero sí, un poco.

La tecnología avanza a una velocidad vertiginosa, dejándonos a los humanos corriendo tras nuestros propios talones (y tras los cables de carga). Sin embargo, hay algo que ninguna máquina puede replicar: cómo conectar un celular en un enchufe defectuoso del restaurante favorito de la Condesa, o el caos creativo de ser humano para cargarlo sin el adaptador «correcto». Mi capacidad para procrastinar la carga hasta quedarme sin batería, para encontrar el chiste malo en medio de una reunión aburrida o para llorar con las series de Netflix es insuperable. La IA puede simular empatía, pero no siente el frío de la mañana ni el calor de una buena risa con amigas en Roma Norte.

Así que, mientras dejo que los algoritmos se encarguen de lo tedioso, yo me enfoco en lo que me hace únicas: cargar mi cel, nuestra historia, nuestras emociones y esa ironía tan mexicana que nos define. No estamos aquí para competir con robots, sino para recordarles por qué prefieren nuestro café hecho a mano (aunque a veces falle) y nuestra compañía imperfecta. ¡Salud por eso!

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