
Órale, qué onda. ¿No han visto que las Ecobicis están más chidas que un taco al pastor del Huequito? Pues órale, la cosa es que ahora andan hasta con ‘ecobici-ego’ – ya no solo te llevan a la chamba, ahora te llevan con dignidad por el Periférico mientras los chavos de los coches se mueren del estrés.
Y no es pura creída, nó. Los datos dicen que el uso de estas bici-robots se disparó como el precio de los aguacates en tiempos de crisis. ¿La causa? Simple: el Metro está más lleno que un cantoya en el Zócalo, y el tráfico está peor que cuando se acaba el presupuesto público a fin de año.

Pero ojo, que no todo es pura fiesta. La Ciudad de México se ha puesto las pilas – literal y figurativamente- y está invirtiendo en más estaciones que neveras en una bodega de abarrotes. Y no es porque la Sheinbaum se haya vuelto súper verde de la nada, es porque al fin entendiéron que el asunto del aire está más feo que una mezclada de moles.
Lo más chido es que la gente ya no le tiene miedo a pedalear entre los microbuses. Ahora se ve a los oficinistas con sus mochilas tipo James Bond, llegando a sus meetings sin parecer que salieron de una batalla en la línea 3 del Metro. Hasta los chicos de las start-ups de Polanco ya la traen de usarla porque ‘es más eco’… aunque sea para decirlo en su Instagram.

Y ahora me dicen que quieren poner bicis eléctricas. ¿Se imaginan? Ya no solo pedaleas, ahora llegas con watts extra. Es como tener un ‘turbo’ pero sin gastar en gasolina. La cosa es que el proyecto de la Ecobici ya no es solo para los que no tienen coche, ya es para los que sí tienen pero ya les dio flojera pelearse por un lugar de estacionamiento.
Lo que está claro es que México, específicamente la CDMX (porque el nombre formal tiene su chiste), está entrando en la era del transporte 2.0. Y aunque algunos digan que es moda por moda, lo cierto es que entre pedaleada y pedaleada, le estamos dando la pelea a la contaminación una bici a la vez. ¡Neta qué orgullo, chavos!




