
Órale, cabrones, allá por el 2026 ya nadie va a las gasolineras a que le cobren una millonada por el litro de gasolina. Ahora manejas tu chorro, llegas a la estación de recarga y listo, ni te bajas del coche. La chingadera es automática, el robot te conecta y listo. Pero no se crean, esos robots también tienen su mal humor si no les das propina—broma, ¿o no? Lo cierto es que los nanotecnólogos dicen que estas estaciones autosuficientes abarataron el costo de la energía hasta en un 40 por ciento, y eso ya es algo para festejar con unos tacos de canasta después del trabajo.

¿Y qué pasó con los donyitos de las gasolineras? Pues ya no están ahí cobrando la cuenta con su cara de no me importa un bledo. La mayoría aprendió a manejar los sistemas de mantenimiento o se metió a programar robots en las oficinas. Una señorita que antes solo me preguntaba ‘¿Magna o Premium?’ ahora es la jefa de mantenimiento de toda una red de estaciones automáticas. Habría que verle la cara a mi suegro, que siempre decía que las máquinas no iban a quitarle el trabajo a nadie. Ya ven, chencho, la realidad nos dio una paliza tecnológica y al final yo creo que ganamos todos.

Pero relax, no todo es miel sobre hojuelas. A veces estos encarguitos se van de madre por los caños y dejan hacer fila como cuando me·an en la sección de pagos del banco. Pero admitámoslo, ya no tenemos que aguantar a los vendedores de quinceañeros que te quieren ofrecer chicles estropeados mientras esperas tu turno con el tanque vacío. Y eso, cabrones, ya es más que suficiente para decirle gracias a la tecnología. Aunque en el fondo yo creo que extrañamos un poco ver a los chavos de la gasolinera caminando como pollos, pidiendo una chance.

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