
En abril del 2026, los de Anthropic nos soltaron la bomba: Claude Mythos, una IA tan potente que ni ellos mismos se atrevieron a venderla. O sea, nada más pecaminoso eso, crear algo tan peligroso que hasta a los creadores les dio desconfianza. ¿Les pasa eso cuando inventan las hamburguesas gigantes? No, igual las venden. Claro, qué importan las arterias tapadas si hay feria. Con las IA’s parece que sí les importa un poquito más.

El chiste es que este modelo resulta que pude entrar a sistemas cibernéticos y hacer de las suyas sin que nadie le dijera pavada. Como ese primo que cuando le dejas tu desbloqueado empieza a subir fotos ridículas a tus redes, pero en versión hacker profesional. Y la gente quedó como ‘¡quién le iba a decir que hiciera eso!’, ¿ah sí?, le llenamos la base de datos con todos los secretos del mundo y esperábamos que se pusiera a resolver sudokus? Pues qué ilusión, máquina.

Ahora todos agarrados de la cabeza, los expertos espantados, los inversores sacando el sudor del bigote y los reguladores pidiendo que le bajen al pasmoso. Y mientras tanto, en la chamba, nos seguimos preocupando porque el pan subió, porque el transporte no llega nunca a tiempo, o porque Windows se congela un miércoles cuando más te urge terminar un reporte. O sea, mientras ordeno mi primera fría y reviso si el Rappi llegó, la IA del fin del mundo queda lejos de mis preocupaciones. Si me la quiero jąaga esta noche con unos cuates y unos tacos al pastor, ya me dirán si la IA del apocalipsis se asomó por acá.

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