
¿Ah viste? Se armó la de la güera. Está súper difícil el asunto de la pasión por el fútbol en México. ¿Quién no tiene ese tío que se muere en la verde cada domingo? O ese hermano que ya le dio tres infartos con las finales de la Champions. Es que el fútbol no es solo un deporte, caballero, es literalmente religión en este país. Se va a misa con los tacos, se reza al santo de la nazionale, y la Biblia es la liguilla.

Lo más chistoso es que en México el fútbol se vive como una pasión desmedida. Hay gente que hipoteca la casa para ir al mundial, y que deja a la familia plantada para ir al estadio ¿no? Y nada, al final se gana o se pierde, pero la vida sigue igual. Excepto que si gana la selección, todos nos vuelvemos campeones del mundo por tres días como que hubiera sido deferente.

Al rato se acaba el toqui y vuelta a la normalidad, con el sufrimiento eterno de ser aficionado del América ó del Chivas. Es que ese es el chiste, es la pasión lo que cuenta. Aunque a veces hay gente que se muere literalmente de emociones, es no es una exageración. El fútbol en México es otro nivel, sí señor, para encima y para abajo.

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